Mártir Evelio, bajo Nerón (66); Mártires Máximo, Bajo y Fabio (284-305); Hieromartyr Mocius) Mucius), presbítero de Anfípolis en Macedonia, decapitado en Bizancio (288); Mártir Armodio; Mártir Acacio de la Baja Moesia; Santos iguales a los apóstoles Cirilo y Metodio , ilustradores de los eslavos (869, 885); Santos Clemente de Ohrid, Sabbas, Angelarius, Gorazd y Naum de Preslav : discípulos de los santos Cirilo y Metodio y misioneros de los eslavos, hacedores de milagros e iguales a los apóstoles (siglo IX) (ver también 27 de julio – eslavo); San Rostislav Príncipe de Gran Moravia


PRIMERA ANTÍFONA

  • ¡Cantad al Señor con gozo toda la tierra!
  • ¡Cantad un salmo a Su Nombre, dad gloria a su alabanza!*
  • Decidle a Dios ¡qué temible son tus obras!*
  • Que toda la tierra te adore y te celebre, que cante un salmo a tu nombre, ¡oh altísimo!*
  • Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén..*

SEGUNDA ANTIFONA

  • Sacerdote:-Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga
  • Que la Luz de su rostro resplandezca sobre nosotros y tenga misericordia sobre nosotros.*
  • Para conocer Tu camino sobre la tierra. Tu salvación en todas las naciones.*
  • Que el pueblo te confiese, oh Dios, que todo el pueblo Te alabe.*
  • Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén..

TERCERA ANTIFONA

  • Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen.
  • Como disipa el humo, disípense, como se derrite la cera ante el fuego.*
  • Así perecen los impíos ante el Rostro de Dios, mas los justos se regocijarán.*
  • Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.*

CANTO DE ENTRADA

  • Bendecid a Dios en vuestras asambleas, bendecid al Señor, oh hijos de Israel.

APOLITIKION (TONO 3) Que se alegren los celestiales y que se regocijen los terrenales porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo pisoteando la muerte con su muerte y siendo el primogénito de entre los muertos nos salvó de las entrañas del hades y concedió al mundo la gran misericordia.

TROPARIO DE SAN ISIDORO Y SAN LEANDRO DE SEVILLA Como maestros de virtudes y adornos de la Jerarquía oh San Leandro y San Isidoro, la Iglesia os glorifica con himnos, por vuestras intercesiones, concedednos a los que os honramos con amor progreso en virtud y liberación de peligros.

TROPARIO DEL PARALÍTICO (Tono 3) Oh Señor, así como curaste al paralítico haz levantar por su divina providencia mi alma paralizada por todos mis pecados y acciones para que yo, salvado, exclame ¡Gloria a tu poder oh Cristo misericordioso!

KONTAKION DE PASCUA (Tono 8) Tu que descendiste a la tumba, oh inmortal y destruiste con tu poder los infiernos te levantaste como vencedor oh Cristo Dios- Tu que dijiste a las mujeres miróforas ¡Alegraos! Y a los apóstoles diste la paz. Tu que resucitas a aquellos que sucumben.


ALELUYA En Ti Señor, he puesto mi esperanza, ¡que no sea confundido para siempre! ALELUYA Sé para mí un Dios protector y una casa de refugio para mi salvación. ALELUYA


MEGALINARION Un ángel exclamó: «Oh, llena de gracia, virgen pura regocíjate! Otra vez digo: ¡Regocijate!. Tu hijo se levantó de la tumba al tercer día «. resplandece, resplandece, Oh Nueva Jerusalén! para la gloria del Señor que brilló sobre ti. Alégrate y regocíjate ahora Sion; y tú, oh Madre de todo siempre pura, regocijate en la resurrección de tu Hijo!



PROKIMENON

Cantad Salmos a nuestro Dios, Cantad; cantad salmos a nuestro Rey, cantad. Naciones, aplaudid todos con las manos, aclamad a Dios con voces alegres.

En aquel tiempo, Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida. Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama». El se levantó en seguida, y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor. Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir «gacela». Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas. Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba. Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas. Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: «Tabitá, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida. La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.


En aquel tiempo, Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. . Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?. El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina». En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla». El les respondió: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina’. Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina?’. Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía». El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.