Mártires Pedro de Lampsaco, Andrés, Pablo, Dionisio y Cristina, bajo Decio (ca. 249-251); Mártires Heraclio, Paulino y Benedimo de Atenas (ca. 249-251); Mártir Eufrasia de Nicea (ca.303); Mártir Galaxia; Mártir Julián; Mártir Teodoto de Ancyra, y con él ocho vírgenes mártires: Alejandra, Tecusa, Claudia, Phaine (Thaïna), Eufrasia, Teodota, Matrona y Julia (304) el patriarca Esteban el Nuevo de Constantinopla (893) (véase también 17 de mayo – eslavo); el hieromártir papa Juan I de Roma (526); el hieromártir papa Teodoro I de Roma (649)
PRIMERA ANTÍFONA
- ¡Cantad al Señor con gozo toda la tierra!
¡Por las intercesiones de la madre de Dios oh Salvador Sálvanos!*
- ¡Cantad un salmo a Su Nombre, dad gloria a su alabanza!*
- Decidle a Dios ¡qué temible son tus obras!*
- Que toda la tierra te adore y te celebre, que cante un salmo a tu nombre, ¡oh altísimo!*
- Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén..*
SEGUNDA ANTIFONA
- :-Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga
Sálvanos, oh Hijo de Dios que resucitaste de entre los muertos, a nosotros que te cantamos Aleluya.*
- Que la Luz de su rostro resplandezca sobre nosotros y tenga misericordia sobre nosotros.*
- Para conocer Tu camino sobre la tierra. Tu salvación en todas las naciones.*.
- Que el pueblo te confiese, oh Dios, que todo el pueblo Te alabe.*
- Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén..
- Coro: Hijo unigénito y Verbo de Dios Tu que eres inmortal por nuestra salvación…..
TERCERA ANTIFONA
- Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen.
Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte y otorgando la vida, a los que yacían en los sepulcros.*
- Como disipa el humo, disípense, como se derrite la cera ante el fuego.*
- Así perecen los impíos ante el Rostro de Dios, mas los justos se regocijarán.*
- Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.*
CANTO DE ENTRADA – Bendito sea Dios en las iglesias, el Señor de las fuentes de Israel. Sálvanos, oh Hijo de Dios, que resucitaste de entre los muertos, a nosotros que te cantamos Aleluya.
TROPARIO (TONO 4) – Las discípulas del Señor aprendieron del ángel el alegre anuncio de la resurrección. La sentencia ancestral rechazaron y se dirigieron con orgullo a los Apóstoles diciendo: fue aprisionada la muerte resucitó Cristo Diosy concedió al mundo la Gran Misericoridia.
TROPARIO DE FIESTA – En la mitad de la Fiesta, riega mi alma sedienta, ¡Salvador! con las aguas de la buena alabanza. Porque hacia todos exclamaste: “Aquél que tiene sed, que venga a Mí y beba”. ¡Oh Fuente de nuestra vida, Cristo Dios, gloria a Ti!
KONTAKION – En medio de la fiesta prescrita por la Ley, Creador y Señor del Universo, Cristo Dios nuestro, has dicho a los que te rodeaban: Venid y tomar de las aguas de la inmortalidad”. Es por eso que nosotros nos postramos ante ti y fielmente clamamos: concédenos tu compasión, porque Tú eres la fuente de nuestra vida.
PROKIMENON
Que magníficas son tus obras, Señor, hiciste todas las cosas con sabiduría. Bendice alma mía al Señor. ¡Señor, Dios mío, que grande eres!
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 11:19-30.
Los que se habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban, llegaron en su recorrido hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la Palabra a nadie más que a los judíos.Pero había entre ellos algunos chipriotas y cirenenses que, venidos a Antioquía, hablaban también a los griegos y les anunciaban la Buena Nueva del Señor Jesús.La mano del Señor estaba con ellos, y un crecido número recibió la fe y se convirtió al Señor. La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se agregó al Señor. Partió para Tarso en busca de Saulo, y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos». Los discípulos determinaron enviar algunos recursos, según las posibilidades de cada uno, para los hermanos que vivían en Judea. Así lo hicieron y se los enviaron a los presbíteros por medio de Bernabé y de Saulo. PALABRA DE DIOS
ALELUYA Avanza victoriosamente y reina a través de la verdad, la humildad y la justicia y tu mano derecha te conducirá a cosas maravillosas. ALELUYA Has amado la justicia y aborrecido la maldad por eso el Señor Tu Dios te ha ungido con oleo de alegría y eres preferente entre tus compañeros ALELUYA
MEGALINARION – Un ángel exclamó: «Oh, llena de gracia, virgen pura regocíjate! Otra vez digo: ¡Regocijate! Tu hijo se levantó de la tumba al tercer día «. resplandece, resplandece, Oh Nueva Jerusalén! para la gloria del Señor que brilló sobre ti Alégrate y regocíjate ahora Sion; y tú, oh Madre de todo siempre pura, regocijate en la resurrección de tu Hijo!
CANTAMOS EL TROPARIO DE RESURRECCIÓN TRES VECES AL FINALIZAR LA LITURGIA
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 4:5-42
En aquel tiempo, Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva». «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?. Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna». «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?. La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?. Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro. Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?. Jesús les respondió: «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: ‘no siembra y otro cosecha’ Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos». Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo». ¡GLORIA A TI SEÑOR, GLORIA A TI!