•  Bendice alma mía al Señor, y todas mis entrañas a su santo Nombre.
  • – Bendice alma mía al Señor, y no olvide  ninguno de sus beneficios.*
  • – El Señor preparó Su trono en cielo, y su reino gobierna sobre todo.*
  • – Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén*

  • – ¡Alabado sea el Señor, alma mía! Yo alabaré al Señor mientras viva; voy a cantar a mi Dios mientras yo exista.
  • – Bienaventurado aquel cuya ayuda es la del Dios de Jacob; su esperanza está en el Señor su Dios.*
  • – El Señor reinará para siempre; tu Dios, oh Sión, por todas las generaciones.*
  • – Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

– Este es el día que hizo el Señor, alegŕemonos y regocijémonos en él.

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti, oh Dador de Vida: «¡Gloria a tu Resurrección, oh Cristo! ¡Gloria a tu Reino!  ¡Gloria a tu plan de salvación, oh único Amante de la humanidad!» 

– Que el cielo y la tierra te alaben.*


Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti, oh Dador de Vida: «¡Gloria a tu Resurrección, oh Cristo! ¡Gloria a tu Reino!  ¡Gloria a tu plan de salvación, oh único Amante de la humanidad!» 

Tú eres digno de toda la gloria, oh Cristo nuestro Dios, porque constituiste a nuestros padres como astros en la tierra y por ellos nos guiaste a la verdadera fe oh compasivo. ¡Gloria a ti!

Armado divinamente con la pureza del alma y blandiendo la poderosa lanza de la oración incesante has traspasado los ejércitos de los demonios, ¡Oh San Serafín de Sarov, ruega sin cesar por todos nosotros!.

Oh admirable y protectora de los Cristianos y Nuestra mediadora ante el Creador, no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, y apresúrate a socorrernos como Madre bondadosa que eres, pues te invocamos con fe: ruega por nosotros junto a Dios, tu que defiendes siempre a aquellos que te veneran. 


  • Oh Dios, oímos con nuestros oídos; nuestros padres nos lo proclamaron. 
  • Nos salvaste de los que nos afligen. 

Bendito seas, oh Señor, Dios de nuestros padres.Porque eres justo en todo lo que hiciste por nosotros.

Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres.

Evita discusiones necias, genealogías, contiendas y disputas sobre la Ley, porque son inútiles y vanas.

Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele; ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.

Cuando te envíe a Artemas o a Tíquico, date prisa en venir donde mí a Nicópolis, porque he pensado pasar allí el invierno.

Cuida de proveer de todo lo necesario para el viaje a Zenas, el perito en la Ley, y a Apolo, de modo que nada les falte.

Que aprendan también los nuestros a sobresalir en la práctica de las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean unos inútiles.

Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.


«Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron.

Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.

«La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios.

Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven.

Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten.

Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.

Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.