NC- Santo y Glorioso Gran Mártir Demetrio el Mirífero de Tesalónica; conmemoración del Gran Terremoto de Constantinopla en el año 740 d. C.; San Atanasio del Monasterio de Medikion ; Mártir Joasaph, monje de Dionisio en el Monte Athos , discípulo de San Nifón de Constantinopla (véase el 11 de agosto ).


  •  Bendice alma mía al Señor, y todas mis entrañas a su santo Nombre.
  • – Bendice alma mía al Señor, y no olvide  ninguno de sus beneficios.*
  • – El Señor preparó Su trono en cielo, y su reino gobierna sobre todo.*
  • – Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén*
  • – ¡Alabado sea el Señor, alma mía! Yo alabaré al Señor mientras viva; voy a cantar a mi Dios mientras yo exista.
  • – Bienaventurado aquel cuya ayuda es la del Dios de Jacob; su esperanza está en el Señor su Dios.*
  • – El Señor reinará para siempre; tu Dios, oh Sión, por todas las generaciones.*
  • – Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
  • – Este es el día que hizo el Señor, alegŕemonos y regocijémonos en él.
  • – Que el cielo y la tierra te alaben.*

Que se alegren los celestiales, y que se regocijen los terrenales, porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo, pisoteando, la muerte con su muerte, y siendo el primogénito de entre los muertos, nos salvó de las entrañas del hades y concedió al mundo, la gran misericordia. 

Tú que contemplas la tierra y la haces temblar, líbranos de la terrible amenaza del terremoto, oh Cristo, Dios nuestro. Envía sobre nosotros tus abundantes misericordias, por intercesión de la Theotokos, oh único Señor benévolo.

Todo el mundo te tiene a ti, su poderoso campeón, * que nos fortaleces en tiempos de peligro, * y derrotas a nuestros enemigos, oh Victorioso. * Así, como humillaste la arrogancia de Lio, * al dar coraje a Néstor en el estadio, * así, oh santo gran mártir Demetrio, * ruega fervientemente a Cristo nuestro Dios, * suplicándole que nos conceda su gran misericordia.

Como maestros de virtudes y adornos de la Jerarquía oh San Leandro y San Isidoro, la Iglesia os glorifica con himnos, por vuestras intercesiones, concedednos a los que os honramos con amor progreso en virtud y liberación de peligros.

Oh admirable y protectora de los cristianos y nuestra mediadora ante el creador, no desprecies nuestras súplicas de nosotros pecadores y apresúrate a socorrernos como Madre bondadosa que eres, pues te invocamos con fe, ruega por nosotros junto a Dios tu que defiendes siempre a aquellos que te veneran!


ALELUYA En ti, oh Señor he esperado; No sea yo confundido para siempre. ALELUYA  

Sé para mí un Dios que me guarde, una casa de refugio para salvarme. ALELUYA 


El justio se a alegrará en el Señor. Escucha mi voz, oh Dios,  

Tú, pues, hijo mío, manténte fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros. Soporta las fatigas conmigo, como un buen soldado de Cristo Jesús. Nadie que se dedica a la milicia se enreda en los negocios de la vida, si quiere complacer al que le ha alistado. Y lo mismo el atleta; no recibe la corona si no ha competido según el reglamento. Y el labrador que trabaja es el primero que tiene derecho a percibir los frutos.Entiende lo que quiero decirte, pues el Señor te dará la inteligencia de todo.

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, según mi Evangelio; por él estoy sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor; pero la Palabra de Dios no está encadenada.Por esto todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación


Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea. Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros. Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.» Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.

Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios. Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo. Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió. Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.

Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas. Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y, llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de temor. Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.

Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. El, subiendo a la barca, regresó.El hombre de quien habían salido los demonios, le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:n«Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.